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dilluns, 3 de setembre del 2012

Escapa't a El Castell!


Encara no ens ha quedat del tot clar si és un "barrio" de Sant Rafael del Río o el poble del costat, i a sobre és ben bé a la frontera entre Catalunya i València, i a la vora del mar i als peus de la muntanya, una mica en "tierra de nadie" i alhora en terra de tots. Però en tot cas, el que sí és segur és un dels llocs més acollidors de la terra: i també és ca la nostra amiga Virgínia, la Virg.

La Virg, i sa mare la Mari Carmen i son pare en Joan Francisco, ens han acollit a casa seva com a dues reinetes. Els pares porten l'únic comerç, la tieta porta el quiosc, i és clar, els coneix tot el veïnat. A més a més, la família de la Virg està muntamt una casa rural espectacular que, quan estigui enllestida, valdrà molt la pena visitar. Té els ports de Tortosa Basseït a tocar, el Delta, les oliveres, la costa, els arrossars...

La Virg, la Gemma i jo ens hem dedicat un cap de setmana de descans, turisme i converses i rialles sanes i reparadores entre oliveres, garrofes i oques. I ens ha agradat tant que no "patigues", que tornarem aviat. Gràcies, família!!!

PS: Per cert, la Virg i jo ens vam conèixer quan la Gemma era un projecte a la panxa (vegeu la foto), que ella va batejar com a "pesolet". I també és l'autora d'esta foto, poc després que el pesolet ja fos fora.

diumenge, 4 de març del 2012

Relato del concurso nº 15: “Nuestra Islandia”

Relato del concurso nº 15: “Nuestra Islandia”

Mención especial del jurado de www.familiasenruta.com, premiada con un lote de guías infantiles de viaje Memolaviajar a Roma, París, Londres, Lisboa, Nueva York y Madrid. ¡Oléee!

- Mira, mama! Un guèiser!
“Guèiser”, catalán para géiser, fue la primera palabra que aprendió Gemma al pisar Islandia. Tenía un año y diez meses. Aún llevaba pañales.
Éramos una familia atípica. Hellen y Dani, pareja, deportistas, aventureros y amantes de la naturaleza. Vero y Gemma, madre e hija. El vínculo entre todos, ni de sangre ni contrato, era la amistad de la infancia entre Hellen (Elena, para mí siempre Hellen) y Vero, en silencio durante años hasta que nos reencontramos, rayando los treinta. Recordamos los días que nos sentamos codo con codo en clase, las manías de las monjas, los castigos en el pasillo y los cotilleos de los ex compañeros. Y lo retomamos justo allí donde lo habíamos dejado.
Tras un intento frustrado de viajar juntos a Japón, país de residencia de Vero y su marido durante años, una tarde de merienda nos descubrió que todos teníamos Islandia en el punto de mira para el siguiente verano. Pero para entonces ya no había marido, y viajar con una niña pequeña para muchos es un camino tortuoso antes de empezarlo. Cuando Dani y Hellen accedieron a unirnos para hacerlo, Vero se debatía entre “no saben dónde se meten” y “me los voy a comer a besos”. Y la idea fructificó, y nos equipamos, y valoramos la posibilidad de alquilar una caravana que finalmente rechazamos, y reservamos las granjas donde íbamos a alojarnos (muy recomendado).
Destino: Islandia. Itinerario: la vuelta entera a la isla en el sentido contrario a las agujas del reloj. Duración del viaje: 13 días, del 29 de junio al 12 de julio de 2011.

Aterrizamos en Reikiavik la madrugada del día 30 de junio en un vuelo retrasado. Logramos rascar una ducha y un par de horas de sueño antes de recoger el coche de alquiler y ponernos en marcha. Primera parada: Geysir. El entusiasmo de Gemma ante las potentes y puntualísimas explosiones de agua compensó un exceso de visitantes que, por un momento, temimos que fuera a acompañarnos durante todo el viaje. No fue así. Islandia es un rincón de mundo escasamente poblado donde la naturaleza puede seguir siendo caprichosa y salvaje a sus anchas. En todas partes hay algún viajero, pero todos gozamos del privilegio de sentirnos protagonistas en el escenario la mayor parte del tiempo. 
Fue el día del primer picnic, la primera cascada (Gulfoss), la primera no puesta de sol y el primer contacto real con islandeses en la granja Vatnsholt Farm, de Jóhann y Margrét. Jóhann es el orgulloso padre de un cuervo, varias vacas, perros y demás animales sociables y curiosos. Gemma hizo muy buenas migas con todos (menos con el cuervo) y devoró aquella noche la sopa de verduras de Margrét.
El segundo día fue el de las cascadas: primero fue Seljalandsfoss, un precipicio de agua de sesenta metros que permite bordearlo desde el interior y absorber la fuerza del agua que te empapa la cara y el cuerpo y cuyo rugido inunda los oídos. A sus pies hicimos el segundo picnic, con una Gemma pletórica que brincaba sin tregua y que, para entonces, ya había aprendido “Mira, mama! Una cascada! Fa soroll la cascada!” (la cascada hace ruido). La misma tonadilla le sirvió también para el destino de la tarde, Skogafoss, una cortina de agua igual de alta pero mucho más abundante y contundente que la de la mañana.
Había un quinto miembro de la expedición al que ninguno habíamos visto la cara todavía y solo Vero le había oído la voz una vez, por teléfono, justo antes de alzar el vuelo. El hombre se comunicaba con Vero vía email o mensaje corto. Él insistió en que visitáramos las playas de arena negra de Dyrholaey aquella noche y nos parecieron tan impresionantes que, sin decírselo, lo “fichamos” como asesor del viaje. En algún momento amenazó con plantarse en Reikiavik con un vuelo de último minuto pero no, no lo hizo. En vez de eso, el quinto se plantó en la vida de Vero, y por extensión en la de todos, al poco tiempo.

Eran casi las ocho cuando llegamos a Dyrholaey. No había nadie; el olor a sal, el rumor del oleaje y la caricia de la arena fina bajo los pies eran solo nuestros. Desierto, auténtico, imborrable.
El tercer día nos sorprendió la lluvia. Cierto, en Islandia la lluvia no sorprende a nadie: pero precisamente ese día teníamos previstas las dos visitas que más ilusión nos hacían de todo el viaje y… ¿Y qué? Llueva o nieve, ¡vamos a ir de todos modos! Llegamos a Skaftafell. Con la niña cargada a la espalda, impermeables y botas en ristre, emprendemos la caminata hasta Svartifoss. Gemma está inquieta, patalea, llora…. Y de repente se hace el silencio. Pobrecilla, al llegar a las columnas hexagonales de basalto negruzco, va y se lo pierde. Eso sí, la mancha de baba que deja en la braga de Hellen (cojín improvisado) delata que duerme a gusto, y nosotros disfrutamos del paisaje y echamos fotos hasta que las cámaras sacan humo. Sigo pensando que unas formas tan perfectas no pueden hacerse solas. Tierra, me rindo.
Por la tarde llegamos al lago Jokulsarlon, al sur del inmenso glaciar Vatnajökull (Inciso: estamos siendo redundantes. Islandés básico para viajeros: -foss, cascada, -lon, lago, -jökull, glaciar). Cae una llovizna menuda y helada. Nos equipamos, nos colocamos los salvavidas y saltamos al barco. Y aquí, para mí el mundo se para.
Todos tenemos nuestras fijaciones, ¿no? Pues la mía era ver icebergs. Culpad a Titanic. Y allí estaban. Me agarré a mi hija muy fuerte (suerte del salvavidas) y pensé que no quería compartir ese momento con nadie. Pensé en lo perfecto que era nuestro grupo de viaje. Y en lo cortas que se quedaban y se quedarían las palabras si intentaba reproducirlo. Para muestra este párrafo.
Al día siguiente llovió copiosamente, el tipo de lluvia que no te permite disfrutar de la ruta porque la hace demasiado húmeda, borrosa e incómoda. Lo mejor del día fue la granja de Eyjólfsstadir y la amabilidad de sus dueños al aceptar el encargo telefónico de preparar un pastel sorpresa para Dani, que ese día cumplía los treinta. Gemma fue la encargada de chafarle la sorpresa “Sssht, Dani, no diguis res, eh? És una sorpresa!” (Dani, no digas nada, ¿eh? ¡Es una sorpresa!) y de entregársela, tambaleante, muy ufana ella. La gigantesca tarta de chocolate llegó sana y salva a la mesa y Dani la compartió con los demás huéspedes. Improvisada, “hogareña” pero gran fiesta de cumpleaños.
Al despertar había cesado la lluvia y ya nunca más supimos de ella. Ese día avanzamos por la costa este, visitamos la garganta de Hvannagil y volvimos a gastar los disparadores de las cámaras ante el espectáculo de frailecillos de Höfn, recomendación (¿¡orden, ruego!?) del quinto, el que decía que se venía pero nunca se vino, que para colmo resultó ser ornitólogo y tiene la foto de un frailecillo colgada en su dormitorio. Medio año después del viaje, Gemma duerme aún muchas noches con su “fraret” de peluche.
La tarde la coronó la visita a otra -foss, Hengifoss, la tercera más alta con casi 120 metros de chorro de agua. Llegar allí no fue fácil. Había una hora larga de subida y la espalda de Vero crujía bajo los casi 15 kilos de peso de la niña, así que Dani tomó el relevo. Los excursionistas que volvían nos advertían que el camino era cada vez más escarpado y que era una imprudencia hacerlo con la niña a la espalda. Dani me mira: “si te ves capaz, adelante”, le digo. Él piensa “me pesa más la responsabilidad que la niña” pero camina. Al llegar, al pie de la cascada nos encontramos con un grupo de viajeros catalanes que había en la cola de facturación del Prat y enterramos el hacha de guerra que habíamos levantado entonces: “Oiga, que las canas no le dan derecho a colarse”; “¡Pero qué humos! Total, porque van con una peque…” Agua pasada. Mucha, muuucha agua la que cae en Hengifoss.
El 4 de julio llegamos a Dettifoss. Cien metros de ancho, poderosa, implacable, preciosa desde todos los ángulos. Gemma se entretuvo tanto brincando por las piedras que todos tuvimos nuestro rato a solas con el agua. Ni siquiera recuerdo si había otros visitantes alrededor, supongo que sí, pero apenas los vimos.
De Dettifoss a Húsavik, una pequeña localidad al norte de la isla, famosa por la observación de ballenas que se pasean no muy lejos de la costa. El viaje en barco dura unas tres horas. Según el guía, tuvimos suerte: vimos a seis jorobadas y una azul inmensa paseándose con cachaza y a sus anchas por el océano. Muchos solo las vieron a través de los objetivos de sus cámaras (cada uno a lo suyo y, en todo caso, benditas digitales). El tiempo pasó volando. La última media hora Gemma y yo nos refugiamos en el interior del barco, donde la guía de un grupo de japoneses nos obsequió con una taza de chocolate caliente y unas mantas por si acaso. Al volver a tierra, el Museo de la Ballena sació nuestra curiosidad (no, no habíamos hecho los deberemos y sabíamos poco de ellas) y entretuvo a la peque una hora entera en un espacio infantil de los que en la mayoría de los museos los papis echamos de menos. Para entonces, Gemma iba contando que había visto una “balena blava molt gran” a todo el que quería escucharla.
Esa tarde llegamos a la zona del lago Myvatn donde teníamos previsto pasar los siguientes dos días. Hubiera dado para una semana. Nuestro primer destino era el cráter Viti (en islandés, “infierno”) en la caldera volcánica de Krafla. Este y el Askja se disputan la mención de cráter más espectacular de Islandia. Para nuestra suerte, al Viti se accede más rápida y fácilmente. La temeridad de hacer la ruta con un solo coche y el hinchado precio de una excursión organizada disuadieron a Dani y Hellen de llegar al Askja. Yo, yendo con Gemma, lo había descartado de antemano.
El segundo día en Myvatn lo dedicamos por entero a la ruta volcánica. Todos recordamos con especial cariño la ascensión al Hverfjall, otro cráter donde el terreno es más árido y el viento ese día era mucho más intenso. Con la ayuda de Dani llegamos arriba los cuatro, pero solo ellos lo recorrieron entero. Yo decidí volver con Gemma al coche y pasearla un rato hasta que se durmiera. No hay mejor nana que la del motor de un coche. Desde arriba, Dani y Hellen vieron como su todo terreno (con las longanizas, el queso y las barritas de cereales) les dejaban atrás sin previo aviso.
Volvimos a recogerles, claro. Y de allí a Námafjall, donde los volcanes de lodo hirviendo a borbotones, las solfataras y las fumarolas humeantes forman un paisaje que parece sacado de un cuadro polvoriento y oxidado. Uno puede pasearse libremente, pero solo en la medida que el olfato lo tolere. Aunque Hellen y yo nos criamos en un pueblo conocido por sus aguas termales, nunca antes habíamos sentido con tanta intensidad la realidad de que la Tierra hierve. De nuevo nos hicimos pequeños ante la fuerza de esa tierra implacable, arrolladora, salvaje. Terminamos el día en las aguas de unos baños termales. Gemma chapoteó encantada durante la hora larga que nosotros entregamos nuestros pies doloridos a las propiedades sanadoras del azufre.
A la mañana siguiente era el turno de Godafoss (la cascada de los dioses), seguramente la más espectacular para quienes emprenden la vuelta a la isla en el sentido contrario al nuestro. Y con razón. Pero el terreno no permite llegar tan cerca de ella como otras que habíamos visitado, y por ello nos supo a poco. Islandia es como una abuela que malcría a sus nietos con mucho de todo.
De la costa norte nos quedamos con el recuerdo de Siglufjordur, una pequeña localidad pesquera situada en el fiordo del mismo nombre. Era un día de bastante coche, y agradecimos cada minuto que pasamos entre los pesqueros, los embarcadores de vivos colores y las montañas nevadas cuyas cimas se reflejaban en el agua. Y el pastel de zanahoria, ese lo agradecieron nuestros estómagos (y la gula, más que el hambre). En algún momento paramos a visitar un cementerio, una de las manías viajeras de Dani y Hellen. Tenemos unos amigos que, allá donde van, tienen que visitar el zoo; otros que, país que pisan, país en el que tienen que buscar un Kentucky y probar el pollo. Desde luego, para gustos colores.
El quinto insistía en que debíamos llegar a la punta noroeste del país, en Látrabjarg. Y lo intentamos, al día siguiente, pero el tiempo se nos echó encima y nos perdimos el espectáculo prometido de los fiordos. Teníamos que elegir entre eso o saltar a la península de Snaefells en ferry, donde teníamos el alojamiento para esa noche.
Llegamos a la Sudur-bár Farm el 9 de julio. Eran casi las 10 de la noche. A través de las vidrieras vimos a Erna sentada en uno de los sillones de una pequeña sala de estar, con el laptop en las rodillas y una taza de café al alcance de la mano izquierda. Al minuto siguiente estaba en la puerta para recibirnos. Alta, efusiva, de mirada inteligente, nada más ver a Gemma desveló su faceta de madraza, sacó con orgullo algunos de los lienzos que su hijo dibujaba a la edad de ella y se tiró a jugar al suelo. Conectamos al instante (claro). Una hora más tarde, con una curiosidad no disimulada en absoluto, me preguntaba por nuestra particular familia de viaje y las circunstancias que nos habían llevado a Islandia, y explicaba otro tanto de ella. Comentó lo distinta que es para los islandeses la vida en verano, siempre demasiado breve y ajetreado, y en el oscuro invierno que no se acaba nunca. Lo hacía con una mezcla de resignación y orgullo, sin lamentación alguna. Deseé estar en su piel unos días: en aquel marco perfecto, entregada a su familia y a los caballos, y ofreciendo reposo a los viajeros que llegan y se van con la única misión de dejarles un buen recuerdo. Misión cumplida, por cierto.
La península de Snaefells nos encantó a todos. En apenas veinte quilómetros pasamos de los dieciséis grados de la playa de roca volcánica a los dos o tres del Snaefellsjökull. Y venga a poner capas, y luego venga a quitarlas, como cebollas. Decidimos que ese era nuestro secreto para lidiar con la variación térmica de Islandia. En la playa, Dani se ganó la ovación de todas zambulléndose en el agua como un campeón (nadie oyó el castañeo de sus dientes, para nada). En el glaciar, un par de impermeables nos sirvieron de trineos improvisados para tirarnos por la nieve, primero por separado, luego en tándem: Hellen y Gemma, Gemma y Vero, Dani y Hellen… hasta que a Gemma le entró el hambre y empezó a zamparse la nieve a puñados.
Nos acercábamos de nuevo al punto de partida. Dedicamos la mañana del último día al Langjökull, el segundo glaciar más extenso de la isla al que se accede en moto de hielo, en trineo de huskies o en una especie de autobús rompehielos. La sensación de penetrar en un glaciar me pareció similar a la de una inmersión en el océano: un entorno silencioso, inquietante, monocromo, sin principio ni fin porque lo cubre todo. Que sea blanco o negro es lo de menos.
Thingvellir fue la última parada de ese día y del viaje. Aquí convergen la placa tectónica norteamericana y la euroasiática y, por lo que supimos luego, fue la sede de uno de los primeros parlamentos allá en el siglo X. Para nosotros fue un agradable paseo, las últimas risas, las últimas fotos para despedir un viaje que había sido poco menos que perfecto.
Hubo mucho más de lo puede escribirse: Hellen y su labio morado, Dani y sus escaladas en solitario, Dani y Hellen cantando canciones infantiles en japonés (¡japonés!) que a fuerza de tanto escuchar habían memorizado, Vero y su fijación en circular con el freno de mano puesto, Gemma y los orinales (la historia de un flechazo). Durante los desayunos, Dani y Hellen nos contaban las aventuras de la noche anterior en las que Gemma y yo no habíamos participado: ella dormía, yo escribía, leía, procesaba fotos o chateaba con el quinto.
Islandia es un destino espectacular e ineludible. De NUESTRA Islandia, además de las más de mil fotos y el frailecillo de peluche, nos llevamos una carretada de recuerdos y buenos momentos y una amistad fortalecida. Una familia, unos tíos. Y ganas de volver a por lo que nos quedó en el tintero. ¿Qué será lo que tiene viajar que, cuando aún no ha terminado un viaje, uno ya está pensando en el próximo?
- Mira, mama! El guèiser!, sigue diciendo Gemma cada vez que pasa por la nevera de casa.
Vero Calafell


dissabte, 11 de febrer del 2012

Viena 2012


A veure, ona de fred de febrer del 2012: es pot saber en quin moment vas decidir que havies d'aparèixer al febrer i no al març, o al gener, o no aparèixer en absolut i deixar-nos tranquils, eh? Que consti que no és una queixa: dret a queixar-se només en tenen els pobrets que han de dormir al carrer, que aquests sí que ho passen malament per culpa teva. A nosaltres, la teva presència només ens ha emblanquinat la ciutat de Viena i ens ha obligat a portar més capes de les que prevèiem per passejar-nos i veure-la. 

En dos dies i a entre 8 i 12 graus sota zero, no és que haguem fet el guiri en plan estricte... Més aviat hem disfrutat de la mútua companyia, hem fet el bèstia, hem vist pinzellades de la terra de la Sissí (digues la veritat iaia, que per això volies venir a Viena) i, com diria el papa, hem menjat Viena de Viena, entre molts d'altres. La mama ha tastat totes les varietats de cafè que li ha donat temps; l'avi, de pa; la iaia... a veure si aquesta nit tasta un parell de vinets!!

diumenge, 24 de juliol del 2011

Enamorada de la gibrelleta

Vet aquí un dia una nena que viatjava per Islàndia: de tant en tant, la mama i els amics amb qui viatjava paraven a comprar pa, formatge i fruiteta per dinar a qualsevol banda. La nena els seguia perquè, tot i que no entenia gaire perquè s'havien de passejar per un lloc tan tancat i tan lleig havent-hi racons preciosos a l'aire lliure, sempre aprofitava per demanar alguna galeta i, normalment, li compraven. 

Però un dia va ser diferent: un dia, la nena es va enamorar. Mentre passejava sense gaire interès pels passadissos, de sobte les va veure, grogues i blaves, apilades, perfectes... Les gibrelletes! No en tenia prou amb una, se les va endur totes. I allà mateix, al passadís, la nena les va començar a apilar, primer una, després l'altra, primer per colors, després alternant-les, a dins del cistell i a fora, cap per amunt, cap per avall... i no va poder marxar sense. 

Va plorar i bramar, va rodolar per terra i va fer cops de peus com mai no els havia fet abans per poder-se endur la gibrelleta. L'amor de veritat, quan el trobes, és una cosa única per la qual s'ha de lluitar. 

Resultat: el grup del viatge a Islàndia a partir del dia número 4 va créixer: érem el Dani, la Hellen, la mama, la Gemma... i la gibrelleta.

dimecres, 20 de juliol del 2011

Islàndia en imatges

Els 15 dies a Islàndia han sigut tan intensos que no sé gaire per on començar a explicar. Un paisatge salvatge, d'extrems, canvis de temperatura, sol de mitjanit, cascades, volcans, icebergs, glaciars, balenes i frarets. 

Penyasegats impossibles. Hores de carretera en bona companyia, conyes de casa, l'aniversari del DaniEl, el fre de mà posat, el pastís de xocolata. I una Gemma que ha estat a totes i ha flipat tant com nosaltres. Sé que quan sigui gran em voldrà escanyar perquè li costarà rescatar el record d'aquest viatge. Per sort, ens queden les imatges!

 



Avui descobrim... els glaciars

dimarts, 28 de juny del 2011

Avui descobrim.. Islàndia

- On anem, Gemma?
- "A Islàndia!"
- I amb qui anem a Islàndia?
- Amb el Dani i la Hellen?

Pos això, gent. Roba d'abric i de pluja preparades, bon calçat, formatge, fuet, galetes d'arròs i moltes ganes... Ens en anem a Islàndia!

dimecres, 18 de maig del 2011

Escapa't a Granada

Aquest any hem celebrat el sant de la Gemma amb una aventura: una escapada a Granada llargament planejada amb la família Aya-Jose-Eita i Xeno (amics de tota la vida de la Gemma, see 1 i 2). Els uns d'Almeria, l'altre de Madrid i nosaltres des de Barcelona vam quedar a coincidir en tierra de nadie i passejar-nos tot el cap de setmana. I toma cap de setmana!
Com vaig dir només arribar, tornem amb la boca plena, plena de GRÀCIES! 


PS: I la Gemma, cantant "El corro de la patata" i cridant "Xenooo, xenooo!" tot sovint per casa. 
PS1: I la mama buscant un cap de setmana de juny per repetir, itsuka doko kade.
PS2: I l'assignatura Sheridan's encara pendent.
PS3: Jose, el Barça se lleva la Champinyons. Sorry.

Ara, 
EL MILLOR: El carinyo i la companyia; las risas; las dotes hipnóticas de Xeno; el relax; las tapas; i el viatge amb tren nocturn amb peque (això sí, amb cabina preferent per anar soles i tenir bany propi, i sobretot sobretot, tranquil·litat perquè el peque s'adormi). 

EL PITJOR: Que ha sido visto y no visto, ¡mi arrrma! ¡Calzedoniaaa!

dissabte, 13 de novembre del 2010

Haciendo amigos... mi arrrma!

(Parla la Gemma) Viatjar amb el papa i la mama està molt bé, però una ha de començar a construir la seva pròpia xarxa social, sí o no? Jo a Granada vaig conèixer la Chiara (la versió italiana de Clara), que té tres mesos més que jo, és italiana i diu "Buon giorno" en comptes de "Bon dia". Entre les dues vam revolucionar la sala d'esmorzar de l'hotel, corrent, xerrant i endrapant com a... ah, no, que això últim només ho faig jo. 

I a més a més vaig veure l'Eita, un amic retrobat després de molts mesos (l'últim cop ens vam veure a Madrid), amb qui tenim una relació passional tenyida de falsa indiferència. Sempre que ens veiem... acabem al llit!

(Parla la mama) No us perdeu el canvi de la parella Gemma-Eita de Madrid (març 2010) a Granada (novembre 2010)...


divendres, 12 de novembre del 2010

Escapa't a Granada!

El Salón del Manga de Andalucía ha sigut l'excusa d'aquest cap de setmana per fer una escapada a la ciutat de Granada. Era la primera vegada que la Gemma visitava el sud amb nosaltres, i entre d'altres coses hem: 

fet turisme...

ens hem documentat...

hem menjat xurros i tapes...

i hem fardat de papa conferenciant!

dimecres, 25 d’agost del 2010

Escapa't a Holanda!

El naixement del tercer fill dels nostres amics Sanne i Camiel ha estat l'excusa oficial d'aquesta escapada a Holanda. Un parell de nits, només, que això d'anar a casa d'amics vols dir alterar-los la rutina i fer-los anar una mica de corcó, i no volem molestar gaire. Però unes hores de la companyia de persones especials a qui, malauradament, no veiem cada dia... Mm!, això no pot fer mai mal.

Parlem de vols.

El d'anada va comencar una mica accidentat: un pot de farinetes de vidre es va esmicolar... a la meva bossa! Uff, suor freda, sort que hi ha Kleenex, bon humor i bona voluntat. Passat això, la Gemma va dormir com un liró fins que els passatgers van comencar a desfilar per sortir, ja aterrats als Netherlands. Beneït vol a l'hora justa de la migdiada!

A la tornada, en canvi, l'hora de la migdiada ja havia passat: però nosaltres anàvem preparades amb ampolles d'aigua, suc, berenar (poma, plàtan i bastonets), arròs inflat recovert de iogurt (recomanació de la Sanne) i un parell de jocs nous, la novetat. Entre això i mirar el paisatge per la finestreta, fullejar les revistes i reclamar l'atenció dels passatgers del veïnat i el personal masculí de l'avió, les tres hores van passar en un pim-pam. Poca broma: entretenir un peque que cada cinc minuts necessita un estímul diferent fins que cinc minuts més i se'n torna a cansar no és fàcil. Però qui ha dit que ho fos? Prova superada! Següent!

Parlem d'amics. La primera nit va a ser a cal Maikel (que ens va recollir), la Cris i la Mila. La Cris i la Mila es porten un any i cinc dies i, tot i que es veuen un cop cada dos mesets aproximadament, s'estan fent realment molt amigues.


La Mila últimament menja poc, la "Xema" (com li diu ella) menja per totes dues. La Mila ja camina i puja a la trona tota sola i s'entreté fent dibuixets. La "Xema" encara s'arrossega, demana ajuda per enfilar-se als llocs i només fa dibuixets amb el puré. La Mila ja és amiga de l'orinalet, la "Xema" porta bolquerSSS i els omple. Sort que l'amistat no fa diferències.

i els horaris tampoc. les 9 tothom a fer nones. Que comenca la festa dels grans, amb ampolles de cava de la plana de Lleida, whisky de no-sé-què, xerrera i temps. Mmm... Que la nit és jove!


La segona nit va ser a ca la Sanne i el Camiel. Vam passar tot el dia junts: al matí, amb el Kasper i la Gemma. El Kasper és un nadó de 6 setmanes que sembla que no hi sigui, oh! quin angelet. Dorm, menja, caga, dorm, menja i caga. No se'l sent per a res! A la tarda, amb les nenes, la Veerle i l'Sterre. Moment delirant: el bany (totes tres plegades) i una hora de jocs i contes en un poti-poti d'idiomes. I sopar de panekoken amb sucre, nyamiii!

El millor de quedar-te a ca la Sanne i el Camiel és formar part del seu dia a dia. Dimecres al matí, la Gemma i jo vam acompanyar les nenes a l'escola en bicicleta, com s'ha de fer a Holanda on el terreny és pla i els carrers amples. Sempre he pensat que Houten, el poble on viuen, als afores d'Utrecht, és com una mena de fairy land for families with kids. Una marabunta de mares i pares i nens enfila el camí cap a l'escola entre les 8 i les 8.30 del matí, sense pressa, xino-xano, anar fent. Uau. Res de cotxes, clàxons, caravanes, cangurs i iaies. Alguna cosa no fem bé a casa nostra.

(Parla la Gemma) Com (segons la mama) deia aquell slogan tan vell, d'abans que jo nasqués: Escapa't a Holanda (amb la mama)!

dijous, 19 d’agost del 2010

El gronxador de la iaia

A la iaia Montse li agrada portar-me al parc. Juntes pugem al tobogan, juguem amb la sorra, ens gronxem (ara es gronxa, ara em gronxa, però ep! Jo no la gronxo a ella.) Sí, tu, el gronxador és el que més ens agrada a totes dues.


Però és clar, la iaia Montse no hi és sempre. Per això, sabeu què m’ha regalat pel meu aniversariii? Sí, un gronxador!! I el papa, el Manu, l'Annabel i la Thaïs, que ens van venir a veure, me'l van muntar.

Tiiin taaan tiiin taaan tiiin taaan. Si truca la iaia, digues-li que no hi sóc, que tinc feina a gronxar-me!!!


Estic molt contenta, iaia!

dimecres, 18 d’agost del 2010

Avui descobrim... Camprodon


Aquest diumenge, el Marc, la Gemma i jo hem anat a fer de domingueros. I com a bons domingueros, hem anat a un lloc ple de domingueros on és impossible aparcar el cotxe i on la gent surt de missa vestida de diumenge per ficar-se corrents al restaurant, prèvia reserva.

Nosaltres no teníem reserva, però hem sortit rodolant i contents del Pont 9 (molt recomanable).

Camprodon és el poble del pont vell, el poble de les galetes que tantes vegades regalem als amics del Japó, el poble del pernil dolç i el del mercat del diumenge. Al mercat hem comprat roba d’abric per la Gemma, que aquesta setmana s’ha girat fred al Ripollès.

diumenge, 6 de juny del 2010

La reina dels aeroports

S'ha acabat, finito, owari, s'acabó. Bye-bye, Japó. Amb un nus a l'estómac mescla de peneta pel Tokio que deixem enrere i il·lusió per la Barcelona que ens rebrà, pugem al segon avió de llarga distància de la Gemma.

(Parla la Gemma) Aquesta vegada no m'he posat ni de bon tros tan nerviosa com l'altra. Ja sóc gran! Això sí, tampoc no he dormit tant. Ho he fet al revés: durant el vol llarg he jugat, he xerrat amb la gent (més aviat la gent amb mi; hi havia un grupet de turistes de Lleida molt trempats i els he conegut a gairebé tots), ara camina, ara seu, ara aixeca't, torna a caminar...

Llavors hem fet el canvi a Amsterdam... I jo continuava aguantant, com una "jabata".

Però durant el segon vol que eren només un parell d'hores, aquí sí que ja he dit: bona nit i tapa't!


dimecres, 5 de maig del 2010

diumenge, 2 de maig del 2010

Avui descobrim... Kamakura!

Avui descobrim... Kamakura!

(Parla la Gemma) Avui he retrobat un vell amic: el senyor Buda de casa. Fins ara només li coneixia un tros de la cara, i m'ha agradat molt coneixe'l de cos sencer. És gegant! He tingut temptacions de pujar-li a la falda, però hi havia molta gent i m'ha fet vergonyeta... Un altre dia, amb més intimitat, ja ho faré. Quedem així, eh, senyor Buda?